Publicado el: 21 de mayo de 2026

Tiempo de lectura: 8,7 min

Por qué la inteligencia artificial será clave para acelerar la transición energética

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Publicado el: 21 de mayo de 2026

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Por qué la inteligencia artificial será clave para acelerar la transición energética

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inteligencia artificial

    La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en un motor de la productividad y la innovación a nivel mundial, aunque su funcionamiento requiere una cantidad considerable de energía.

    Sin embargo, la IA también puede contribuir a la reducción de emisiones al impulsar soluciones de adaptación, la protección de la biodiversidad y la innovación circular.

    El reto que se nos plantea es cómo orientar el rápido avance de la IA para garantizar que se convierta en un motor de un futuro más limpio y sostenible.

La inteligencia artificial (IA) está avanzando más rápido que casi cualquier otra tecnología de la historia. En tan solo unos años, ha pasado de ser objeto de experimentación a convertirse en un motor de la productividad y la innovación a nivel mundial.

Sin embargo, a medida que crece la influencia de la IA, también lo hace el debate en torno a su impacto: ¿puede la misma tecnología que impulsa el progreso acelerar también la transición hacia las energías limpias, o acabará socavando los objetivos climáticos?

El estudio global de KPMG, en el que han participado más de 1 200 líderes del sector energético de 20 mercados, recoge su opinión de que los posibles beneficios climáticos de la IA superan con creces su huella energética. Este informe, titulado «La doble promesa de la IA: propiciar resultados climáticos positivos e impulsar la transición energética», analiza cómo las organizaciones están utilizando la IA para impulsar la sostenibilidad y en qué ámbitos es necesario acelerar las medidas.

La IA como facilitadora de la lucha contra el cambio climático y aceleradora de la transición energética

La IA está ampliando su «huella climática», es decir, el impacto positivo que supone ayudar a otros a reducir las emisiones, al tiempo que impulsa soluciones de adaptación, la protección de la biodiversidad y la innovación circular.

El estudio de KPMG revela que, para 2027, el 62 % de los encuestados cree que los principales operadores de datos e inteligencia artificial prevén generar su propia energía limpia, invirtiendo directamente en energías renovables. A nivel sistémico, la inteligencia artificial está permitiendo avances reales en materia de sostenibilidad a lo largo de las cadenas de valor; desde la fabricación y el transporte hasta la agricultura y la construcción, está ayudando a las empresas a hacer frente a los riesgos climáticos y a crear valor positivo.

Sin embargo, los avances son desiguales. Los cuellos de botella en las infraestructuras, los retrasos en las políticas y las barreras de financiación amenazan con frenar el impulso. Es probable que los próximos 24 meses, hasta 2027, sean decisivos para cerrar esta brecha.

Ante la urgente necesidad de eliminar progresivamente las centrales eléctricas de carbón, especialmente en las economías emergentes, la inteligencia artificial está cobrando un papel fundamental en la configuración del futuro energético. El carbón sigue siendo una fuente dominante de electricidad a nivel mundial, ya que representa más de un tercio de la generación total de energía y una proporción aún mayor en las economías emergentes, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

Esta fuerte dependencia del carbón supone una amenaza importante para los objetivos climáticos, ya que se prevé que la generación de energía a partir del carbón consuma la mitad del presupuesto de carbono restante para alcanzar el objetivo de 1,5 ºC. El cierre y la transformación de las centrales térmicas de carbón, al tiempo que se garantiza la financiación para opciones energéticas más limpias, es un proceso complejo que exige enfoques creativos y una colaboración activa entre una amplia gama de partes interesadas.

Iniciativas como la plataforma «Coal to Clean» del Foro Económico Mundial, que cuenta con el apoyo del Fondo Climático Growald y KPMG en Singapur, son un ejemplo de cómo la colaboración entre los sectores de la energía, las finanzas y la sociedad civil puede contribuir a impulsar un cambio transformador.

Al reunir a los líderes del sector, desarrollar modelos de financiación innovadores para la energía limpia y crear oportunidades de inversión inteligentes, estas iniciativas están contribuyendo a impulsar el cambio. Están movilizando capital y creando una cartera de proyectos para apoyar la transición del carbón a fuentes de energía más limpias. En este proceso, la inteligencia artificial resulta esencial, ya que ayuda a los operadores de redes eléctricas a mejorar la eficiencia, prever la demanda energética e integrar las energías renovables a medida que se van cerrando las centrales de carbón.

El mercado energético basado en la inteligencia artificial está llamado a transformar la producción energética mundial

Según el estudio de KPMG, la mayoría de los ejecutivos encuestados prevén cambios estructurales importantes en los próximos tres años y están acelerando los ciclos de planificación de cara a 2027. Para entonces, el mercado energético relacionado con la inteligencia artificial debería haber alcanzado un punto de inflexión, en el que el aumento de la demanda, los nuevos modelos de suministro y la evolución de las infraestructuras habrán transformado la producción y el consumo de energía a nivel mundial.

Es probable que, a partir de 2027, la escasez marque la pauta del mercado: cabe esperar que la limitada capacidad de la red, la saturación de los sistemas de concesión de permisos y la creciente competencia por los activos renovables provoquen un fuerte aumento de los costes.

Las organizaciones que actúen con rapidez para adaptarse a la transición se beneficiarán de una mayor flexibilidad y de unos costes más predecibles, mientras que aquellas que esperen podrían enfrentarse a precios más elevados y a menos oportunidades.

La huella energética de la IA es real, pero su impacto positivo en el clima es mucho mayor. Está ayudando a los operadores de la red eléctrica a predecir la demanda y equilibrar el suministro de energías renovables en tiempo real, mejorando la eficiencia industrial, avanzando en la modelización climática, reduciendo los residuos y acelerando el despliegue de energías limpias.

Por primera vez en tres décadas de transición energética, la economía y la ética están empezando a ir de la mano. El rápido crecimiento de la inteligencia artificial está creando una necesidad económica que podría hacer que, por fin, el despliegue a gran escala de la energía limpia sea imparable.

Obstáculos para la aceleración de la transición energética

A pesar de la gran confianza depositada en el potencial de la IA, el informe de KPMG pone de relieve la existencia de obstáculos persistentes:

Brecha de compromiso: Alrededor del 96 % de los ejecutivos encuestados cree que las energías renovables pueden satisfacer la demanda futura de IA, pero solo el 13 % está dispuesto a hacer que el uso de energía limpia sea innegociable si ello ralentiza la implantación o aumenta los costes.

Desafío temporal: La IA se expande en cuestión de meses, pero la infraestructura renovable tarda años. Los trámites de autorización, las conexiones a la red y los ciclos de construcción siguen requiriendo entre tres y cinco años, lo que conlleva el riesgo de un desajuste entre la demanda impulsada por la IA y el suministro de energía limpia.

Limitaciones de infraestructura: los sistemas de transmisión obsoletos y la falta de inversión en capacidad convierten la conexión a la red en un nuevo cuello de botella.

Estancamiento político: la IA avanza a toda velocidad; las políticas públicas luchan por seguirle el ritmo. La inercia política puede generar incertidumbre y retrasar las decisiones de inversión.

Desafío de financiación y costes: los costes excesivos y la falta de financiación pueden paralizar los proyectos, incluso cuando los innovadores reescriben los modelos financieros para la adopción de las energías renovables.

Cómo pueden las partes interesadas clave convertir los obstáculos en ventajas

El margen para la integración y la consecución de una ventaja competitiva se está reduciendo rápidamente. Si el mundo quiere que la inteligencia artificial desempeñe un papel significativo en el impulso de la transición climática, será necesaria una acción audaz y coordinada a lo largo de toda la cadena de valor energética.

  • Gigantes tecnológicos: Impulsar las señales de demanda e invertir antes de que surja la necesidad, acelerando así el desarrollo del ecosistema.
  • Empresas de servicios públicos: Transformar las redes eléctricas en sistemas inteligentes y dinámicos utilizando la inteligencia artificial para realizar previsiones en tiempo real e integrar las energías renovables.
  • Promotores: Ampliar rápidamente el suministro de energía limpia, innovar en generación y almacenamiento flexibles, y establecer alianzas estratégicas.
  • Inversores: Dar prioridad a la asignación de capital hacia soluciones integradas de energía limpia impulsadas por la inteligencia artificial.
  • Gobiernos: Simplificar los marcos normativos, agilizar la concesión de permisos y facilitar la inversión privada en infraestructura de red.

La IA como motor del progreso en materia climática

En el debate sobre el clima, a menudo se ha presentado la IA como un problema que hay que controlar, en lugar de como una capacidad que hay que aprovechar.

El estudio de KPMG apunta a una perspectiva potencialmente mucho más poderosa: la IA no es una amenaza para el progreso climático, sino su mayor acelerador.

El reto que tenemos por delante no es frenar la IA, sino dirigirla con sensatez. Si la ambición, las políticas y la innovación logran alinearse al ritmo al que avanza la IA, el apetito energético de la tecnología puede convertirse en el motor de un futuro más limpio y sostenible.

FUENTE: World Economic Forum

NOTA: Las conclusiones anteriores se basan en datos y en los resultados de un informe de noviembre de 2025.

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