Publicado el: 9 de junio de 2026

Tiempo de lectura: 8,8 min

Cómo las ciudades anfitrionas pueden aprovechar la oportunidad que brindan los grandes eventos colaborando con sus comunidades

COMPARTIR

Publicado el: 9 de junio de 2026

Tiempo de lectura: 8,8 min

Cómo las ciudades anfitrionas pueden aprovechar la oportunidad que brindan los grandes eventos colaborando con sus comunidades

COMPARTIR

• Los grandes eventos, como los Juegos Olímpicos o la Copa Mundial de la FIFA, pueden ayudar a las ciudades anfitrionas a impulsar mejoras en las infraestructuras, los espacios públicos y la resiliencia climática.

• Los buenos resultados urbanos suelen conseguirse mediante una participación significativa de las comunidades locales, pero a menudo esto se reduce a un mero ejercicio de cara a la galería.

• Si se gestionan adecuadamente, estas colaboraciones pueden determinar qué se construye, cómo se lleva a cabo y quién se beneficia a largo plazo tras la celebración de un gran evento deportivo.

¿Y si el verdadero legado de organizar un gran evento como los Juegos Olímpicos o la Copa Mundial de la FIFA no fuera lo que se construye, sino cómo aprende una ciudad a funcionar?

Los buenos resultados urbanísticos rara vez se producen por casualidad. Cuando las ciudades los logran, suelen ser fruto de una colaboración significativa con las comunidades y organizaciones más cercanas a las necesidades locales.

En ámbitos como el transporte, la vivienda, el espacio público, la resiliencia climática y la revitalización de los barrios, la participación comunitaria se reconoce hoy en día de forma generalizada como parte de una planificación y ejecución eficaces.

Sin embargo, existe una brecha significativa entre la teoría y la práctica. Con demasiada frecuencia, la participación comunitaria se reduce a un mero ejercicio de cara a la galería: consultas puntuales, sesiones de recabación de opiniones en fases avanzadas del proceso o actividades de divulgación meramente formales que apenas influyen en las decisiones que ya están en marcha.

Los grandes eventos deportivos ofrecen una gran oportunidad para reequilibrar esa relación. Concentran la atención política, la inversión, los plazos y el escrutinio público, lo que crea una ocasión única para que las ciudades y las organizaciones comunitarias colaboren de una forma diferente.

Si se abordan con determinación, estos momentos pueden llevar la participación comunitaria más allá de la mera actuación y convertirla en una colaboración genuina. Si se gestionan adecuadamente, estas colaboraciones pueden determinar qué se construye, cómo se lleva a cabo y quién se beneficia a largo plazo.

Las comunidades como socios en la construcción de la ciudad

La mayoría de las ciudades comprenden la importancia de la participación ciudadana para cumplir con los requisitos procedimentales. Sin embargo, son pocas las que incorporan las opiniones de la comunidad en la definición conjunta de prioridades, la gobernanza o la ejecución de las políticas.

En cambio, el «teatro de la participación» que se pone en escena una vez que la orientación general ya está fijada crea una brecha persistente entre la ambición institucional y la realidad cotidiana. Estas prácticas traicionan la confianza, pero también revelan una falta de visión estratégica: muchas ciudades cuentan ya con organizaciones comunitarias consolidadas que poseen un profundo conocimiento local, relaciones de confianza y una capacidad demostrada para generar cambios sobre el terreno.

Dado que algunos grupos llevan décadas arraigados en los barrios, estas organizaciones ya están logrando avances sociales, económicos y climáticos a escala local. Sin embargo, con demasiada frecuencia quedan al margen de la planificación y la organización de los grandes eventos, en lugar de integrarse en los sistemas que determinan sus resultados.

Para tratar a las comunidades como socios a largo plazo es necesario plantearse una serie de cuestiones diversas, como cuándo deben participar, dónde debe recaer la autoridad y cómo se pueden gestionar las prioridades comunes a lo largo del tiempo.

Las organizaciones comunitarias operan a una escala que permite la agilidad y la innovación. Las iniciativas a nivel de barrio pueden poner a prueba nuevas políticas, probar modelos de colaboración y experimentar con tecnologías emergentes de formas que las grandes instituciones a menudo no pueden, y sus enfoques exitosos se replican en ciudades de todo el mundo.

Esta lógica es fundamental en el marco «Green and Thriving Neighborhoods» (GTN) de Arup, que hace hincapié en los enfoques centrados en las personas y a escala de barrio como pilares esenciales para unas ciudades más saludables y resilientes. También subraya que los retos más difíciles de las ciudades no pueden abordarse únicamente mediante una planificación de arriba abajo.

Los grandes eventos constituyen una prueba práctica de este enfoque: ¿pueden las ciudades aprovechar los momentos de mayor urgencia e inversión no solo para construir infraestructuras, sino también para crear sistemas de colaboración más sólidos y duraderos?

Por qué es importante para las ciudades anfitrionas celebrar grandes eventos

Los megaeventos actuales se desarrollan a una escala sin precedentes. Se calcula que los Juegos de París 2024 llegaron a unos 5000 millones de espectadores en todo el mundo, mientras que las comunidades locales se vieron sometidas a la presión del aumento del número de visitantes, la complejidad logística y el escrutinio público.

Las ciudades y sus comunidades son cada vez más conscientes de que la visibilidad mundial y el impulso económico a corto plazo ya no bastan para justificar el coste de la organización. Existe una expectativa cada vez mayor de que los grandes eventos aporten un valor social, económico y medioambiental duradero a los residentes.

Cuando se aprovechan de forma intencionada, los momentos que vive una ciudad anfitriona pueden acelerar la ejecución de proyectos de infraestructura planificados desde hace tiempo, dar lugar a nuevos acuerdos de gobernanza y poner a prueba formas de trabajo más sistémicas. Y lo que es más importante, también pueden reducir las barreras que impiden una colaboración más estrecha entre los organismos municipales, las entidades deportivas y las organizaciones comunitarias, siempre que esas alianzas se construyan desde el principio.

La oportunidad no consiste simplemente en ejecutar los proyectos con mayor rapidez, sino en fortalecer la capacidad cívica necesaria para mantener el progreso en los años venideros.

Los grandes eventos celebrados recientemente ofrecen ejemplos reveladores de cómo esto puede llevarse a cabo de formas más productivas.

Los Juegos de la Commonwealth de Birmingham de 2022 demostraron lo que se puede lograr cuando las aportaciones de la comunidad no solo se recogen, sino que se utilizan para dar forma a las decisiones desde el principio. Antes de los Juegos, el Alexander Stadium era un modesto estadio de atletismo con capacidad para 7.000 espectadores, situado en un barrio del noroeste de Birmingham destinado a la regeneración urbana.

Las decisiones de planificación y diseño para su remodelación contaron con la participación de los residentes en múltiples fases, lo que impulsó una mayor inversión en el desplazamiento a pie, en bicicleta y en transporte público, y dejó como legado no solo un recinto transformado, sino un estadio con capacidad para casi 18 000 espectadores que ahora da servicio a los deportistas y a las comunidades durante todo el año.

Los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de París 2024 mostraron una dimensión diferente. La ciudad se benefició de una inversión planificada desde hacía tiempo en una red ferroviaria de 46 700 millones de dólares, que mejoró la conectividad entre el centro de la ciudad y los barrios periféricos, anteriormente desatendidos.

Los Juegos Olímpicos no fueron el origen de estas ambiciones, pero contribuyeron a acelerar su consecución y aportaron una mayor visibilidad a los objetivos generales en materia de vivienda y renovación económica.

Los Ángeles, en el marco de la organización de una serie de eventos de gran envergadura o de alcance mundial, entre los que se incluyen los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2028, está llevando a cabo ambas cosas al mismo tiempo. Los organismos públicos se han asociado con LA28 para organizar unos Juegos que dan prioridad al transporte público, lo que ha impulsado una inversión de más de 40 000 millones de dólares en transporte sostenible.

Por otra parte, iniciativas impulsadas por la comunidad, como el Festival Trail, y programas de larga trayectoria, como CicLAvia, demuestran cómo el impulso generado por los eventos puede traducirse en una defensa de inversiones potencialmente permanentes en el espacio público y el desarrollo económico local. También ponen de manifiesto cómo la energía de las bases y la ejecución institucional pueden reforzarse mutuamente cuando se coordinan desde el principio.

Las ciudades anfitrionas que tienen éxito colaboran con la comunidad local

Tanto para las ciudades anfitrionas como para los organismos deportivos, el legado ya no puede definirse únicamente en términos de activos físicos. Si bien las instalaciones y las infraestructuras son importantes, el legado más duradero reside en una gobernanza más sólida, en alianzas más profundas y en formas de trabajo replicables en todos los sectores y a todas las escalas.

Las organizaciones comunitarias no son meras beneficiarias de los grandes eventos; son coproductoras de sus resultados. Incorporarlas a la planificación, la priorización y la gobernanza aumenta la probabilidad de que las inversiones impulsadas por los eventos respondan a las necesidades locales, generen beneficios equitativos y sigan siendo viables mucho después de que la atención mundial haya pasado a otros temas.

Este modelo sigue evolucionando, pero apunta hacia un enfoque más resiliente de la planificación urbana: uno que no considere los grandes eventos como interrupciones, sino como oportunidades para poner a prueba cómo las ciudades pueden funcionar mejor para todos.

A medida que las ciudades de todo el mundo sopesan los costes y beneficios de acoger grandes eventos, la cuestión ya no es si las comunidades deben participar, sino con cuánta antelación y con qué seriedad. Las ciudades anfitrionas más exitosas serán aquellas que reconozcan dónde existe ya una capacidad real y la incorporen al centro de la toma de decisiones.

Los grandes eventos ofrecen ocasiones únicas en las que la ambición, la urgencia y los recursos convergen. Si se aprovechan bien, pueden aportar mucho más que simples infraestructuras. Pueden cambiar el funcionamiento de las ciudades, quién toma las decisiones y quién se beneficia de ellas mucho después de que concluyan las ceremonias de clausura.

FUENTE: World Economic Forum

Tenemos mucho más para ti.